Conocer el ciclo de ovulación de la mujer es algo fundamental para quien esté buscando quedarse embarazada. Tradicionalmente, se trata de un dato que se ha utilizado precisamente para medir los días fértiles, aunque hoy en día existen métodos científicos más exactos que el simple cómputo mensual. Aun así, nunca está de más conocerlo.


Como concepto, la ovulación consiste en el proceso en el que el ovario, tras el desarrollo correspondiente, coloca el óvulo en disposición de ser fecundado. Pueden llegar a encontrarse con esta condición hasta veinte óvulos, que permanecerán preparados  hasta el décimo día antes del final del ciclo. Es en ese momento cuando aparece el llamado “moco cervical”, fundamental para la fecundación posterior. A raíz de él, sólo uno de los óvulos “resistiría” y continuará su crecimiento, siendo descartados y desechados los demás.


La llegada de ese óvulo al útero es lo que se conoce, realmente, con el nombre de ovulación de la mujer. El período en que esto permite la fecundación de pleno tiene una duración de entre 12 y 16 días aproximadamente, que hay que calcular antes de que se produzca la siguiente regla. Por ello, para tener este “calendario de fertilidad” es necesario apuntar, antes que nada, la fecha de las menstruaciones. Por supuesto, si éstas se producen de manera irregular también es necesario tener presente los días de retraso o de adelanto. Es mucho más sencillo si son fijos… pero ya sabemos que esto es un mundo diferente para cada mujer.


El óvulo que está listo para ser fecundado se encuentra rodeado del llamado cuerpo amarillo. En él se acumulan los nutrientes y bolsas de sangre que serían necesarios en caso de que, efectivamente, se produjera un embarazo. No obstante, si esto no sucede, el cuerpo se encargará de romper este cuerpo amarillo para liberar y eliminar su contenido. Esto produce una hemorragia, que es, como puede adivinarse, la menstruación o regla que todas “sufrimos” cada mes.


Existen, como hemos comentado, algunas normas muy básicas con las que se posible analizar cuándo un óvulo estará disponible y receptivo para que la llegada del espermatozoide tenga éxito. Esto puede emplearse como método conceptivo y anticonceptivo. En este segundo caso, sin embargo, nunca debe utilizarse como único sistema. La anticoncepción natural es muy inestable, en gran parte por la irregularidad de la que hemos hablado en el párrafo anterior; no es nada habitual que la mujer tenga ciclos menstruales con una periodicidad exacta, lo cual dificulta los cálculos.


Como base, se considera que las fechas óptimas para el embarazo empiezan en el día catorce antes de que se vaya a producir la siguiente regla. Aproximadamente, si tratamos todo el período descrito anteriormente a nivel global, tendríamos treinta y cinco días de ovulación; por tanto, el momento idóneo sería a partir del día veintidós. Cuanto más próximo se encuentre el día  al de la siguiente menstruación, más posibilidades hay de conseguir el embarazo. Así pues, lo realmente adecuado para ello son los tres días anteriores.


Existen algunos síntomas externos que nos pueden indicar cuándo está próximo el momento de la ovulación. Dolores en los pechos  y el vientre de mayor o menor intensidad, por ejemplo. A causa de los estrógenos que se liberan durante el proceso, también es frecuente que el estado de ánimo mejore. Otra forma de controlar el período de ovulación consiste en tomar la temperatura basal cada tres meses, a partir del primer día de menstruación. Generalmente, el final del período trae consigo un mayor pico de temperatura. 
En Internet siempre podemos encontrar ayudas de cualquier tipo, y en este caso no iba a ser menos.