El dolor en la ovulación es prácticamente inevitable, aunque lo que sí varía en cada persona es la intensidad del mismo. Es lo mismo que sucede con el parto, en realidad: algunas mujeres aseguran que no sienten más que leves molestias, y otras, en cambio, que sufren dolores insoportables.


El dolor suele manifestarse en varias fases en todo el período de la ovulación. Un error generalizado es pensar que con este nombre sólo nos referimos a la menstruación, el sangrado propiamente dicho, pero esto no es cierto. La ovulación comienza mucho antes del inicio de la regla: cuando el óvulo se genera, es liberado por el ovario, desciende por la trompa de Falopio y finalmente llega a instalarse en el útero. En todo ese tiempo en que se encuentra receptivo ante la posibilidad de un embarazo también pueden producirse molestias.


Transcurrido el “tiempo de vida” del óvulo, si no ha sido fecundado, será desechado por el útero a través de la vagina. Será entonces cuando comience la regla, y desde luego cuando los dolores de la ovulación se hagan mucho más fuertes; no en vano se trata, en el fondo, de una hemorragia producida por la ruptura del óvulo y de su revestimiento (el conocido como cuerpo amarillo).


Dependiendo de la zona del cuerpo, se distinguen varios tipos de dolor en la ovulación de la mujer. Uno de ellos, muy frecuente, es el llamado dolor pélvico intermenstrual. Normalmente se nota en el costado y puede durar un gran número de horas, llegando a dificultar las tareas habituales del día. Aunque, como hemos comentado, puede producirse en cualquier momento a lo largo del período de la ovulación, es mucho más intenso durante la menstruación. No siempre se presenta en el mismo lado y en ocasiones, si es especialmente fuerte, puede incluso causar náuseas o cólicos.


No existe un tratamiento para esto, ya que en realidad es una característica física de la mujer y no un trastorno o enfermedad. Como curiosidad, hay quien dice, incluso, que un mayor dolor es índice de mayor fertilidad (pero esto, evidentemente, es una leyenda urbana sin fundamento científico…). Hay que confiar en los analgésicos (siempre bajo prescripción médica), o, en caso de que sea extremadamente doloroso e impida llevar una vida normal, recurrir a los anticonceptivos.


También, en los días previos a la ovulación, puede darse lo que se conoce como mastodinia: un dolor en los senos, también relacionado con los cambios hormonales que se están produciendo en el cuerpo (una mayor producción de estrógenos, entre otros).


Si solemos sufrir esta clase de molestias, ya sea antes, durante o después de la menstruación, debemos tener en cuenta que hay algunos alimentos o bebidas que pueden agravarlos. Particularmente debemos intentar evitar aquellos que contengan cafeína, desde el propio café hasta la cocacola u otras bebidas estimulantes. Esto puede ser complicado para las mujeres acostumbradas a depender de ellas… pero la alternativa puede ser peor. La sal o los azúcares también deben dejarse a un lado en este período.


El té rojo, en cambio, por sus propiedades antioxidantes, sí puede ser indicado para intentar minimizar los dolores. Durante la menstruación, es recomendable ingerir frutas u otros alimentos ricos en  hierro, ya que ayudarán a paliar las pérdidas que se producen por el sangrado. El agua también puede ser de ayuda, sobre todo si nos sentimos hinchadas. Los médicos recomiendan, durante la ovulación, entre ocho y diez vasos diarios.
Por supuesto, como en todo, la psicología y el estado anímico también ayudan. SI padecemos de dolores fuertes en la ovulación, debemos evitar intensificarlos con el estrés o la ansiedad, y buscar formas de relajarnos aunque sean cinco o diez minutos al día.